
Cuando el escritor Hasier Etxeberria y Andoni Luis Aduriz se ponen a hablar, no hay quien los calle. Es lo que pasó este martes en ‘Diálogos con la Literatura‘: empezaron a contar historias, encadenaron una anécdota tras otra y cuando parecía que la charla había acabado porque el público no tenía más preguntas, contaron un par más.
A pesar del partido que enfrentaba al Osasuna y al Athletic (con todo lo que supone el Athletic para los bilbaínos), el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbo se llenó. Alguno aprovechó para echarse la siesta, pero ése no es el tema que nos ocupa.
La periodista Idoia Jauregi, moderadora del encuentro, puso el listón alto con una introducción en la que citó a Cervantes, Da Vinci, Dario Fo o Josep Pla y su El meu país. Tampoco faltó una cita a Jean Anthelme Brillat-Savarin, que dijo aquello de “el descubrimiento de un nuevo plato contribuye más a la felicidad del género humano que el descubrimiento de una nueva estrella”. Todo para introducir la pregunta: “¿Puede la Literatura abrir el apetito?”. Acababa de abrir la caja de Pandora.
Andoni se lanzó a hablar de Balzac, de Grimod de la Reynière, para decir que sí, que las palabras son tan poderosas que sin duda pueden abrir el apetito. “Los enunciados de las cartas de un restaurante no son Literatura, pero intentamos describir lo que el comensal se va a encontrar en el plato y también lo que nos gustaría que hubiese”, dijo. Hasier tampoco dudó a la hora de dar respuesta a la pregunta, aunque matizó que “la gente cree que el ideal del buen comer son esos banquetes de los grandes cocineros, pero un libro a mí nunca me ha llevado a desear uno de esos placeres. En cambio, me ha hecho levantarme y coger un trozo de pan con chocolate”.
“De repente, pom, aparece la comida”
Esta reflexión desencadenó en un debate sobre la Gastroliteratura que da para una tesis, pero que se puede resumir con otra frase de Hasier: “La Gastroliteratura se limita normalmente a las críticas y a los recetarios. Son los dos aspectos que menos me interesan. Lo que más me gusta es estar leyendo una novela y encontrarme que el amante de no sé quién se está cepillando un pollo con foie”. Esto dio paso a hablar de los libros de viajes de Miguel Sánchez-Ostiz, en los que entre descripciones de hábitos e iglesias “de repente, pom, aparece la comida. Eso es un placer”. Puso otro ejemplo, el de Bilintx (la lectura y la traducción al castellano, en el vídeo).
Bilintx y la Gastroliteratura from Mugaritz on Vimeo.
“Noiz iritxiko ote da eguna nerea izango zaitutana! A zer kuidaduakin gobernatuko zaitutan! A zer bizi-modutxua eman biar dizutan! A zer alegiñak egingo ditutan zu kontentu irukitzeko! Mayian zu izango zera lenbizi serbitua. Zuretzako izango da gauzik onen guziya. Esnea degunean zuretzako tela, mamiya degunean zuretzako gaña, eta sagarrak, udariak, muxikak edo zerbait orlako degunean, zuretzuko piñenak, zuretzako aundiyenak, zuretzako ederrenak. Eta intxaurrak ditugunean, nik puskatuko ditut, eta azalak atera ta mamiyak jarriko dizkizut aldamenean; eta gaztañak ditugunean, nik txurituko ditut zuk jan bear dituzunak.”
“Sólo he hecho literatura gastronómica cuando Andoni o algún otro pirado me lo ha pedido”, continuó Hasier en referencia al libro Clorofilia. “A Andoni, que es un apasionado de las plantas, le dio entonces por ponerse a estudiar con Aranzadi si las plantas eran comestibles o no y nos pidió una historia. Entonces yo me inventé un gato”, recordó, provocando carcajadas entre el público.
También disertaron sobre la imaginación y la creatividad en sus respectivos oficios. “Músicos, investigadores, escritores, artistas… casi todas las personas creativas, porque todos los somos hasta que castramos la creatividad, utilizan los mismos mecanismos de acción”, aseguró Andoni. “Al final buscas en campos que no tienen nada que ver con lo que estás haciendo, porque sabes que vas a poder compartir conocimientos”. Al hilo de esto, Andoni explicó que las relaciones con otros ámbitos como la ciencia o la danza hacen que la creatividad fluya en Mugaritz. “El primer trabajo que hicimos con unas coreógrafas me generó preguntas y estrato para plantearme cuál es el límite entre un servicio y una performance”.
“La creatividad es un sucedáneo bueno a la imaginación”, continuó Hasier. Recordó, por ejemplo, que el escritor John Lanchester explicó en la conferencia La experiencia en palabras, que ofreció en Diálogos de Cocina 2009, que según vamos conociendo cosas nuevas, nuestra capacidad sensorial va en aumento y con ello, el vocabulario. Más tarde, recordarían que hace un año llevaron a Lanchester y su familia a comer al restaurante Elkano de Getaria y entre otras cosas, probaron gónadas de besugo. “Y se preguntarán qué son las gónadas”, planteó Hasier mirando a Andoni, quien levantó los hombros, puso cara de póquer y dijo: “Pues… el esperma”. Más risas en la sala.
“Parece que en las novelas nadie come”
Ya en la ronda de preguntas, alguien reflexionó en alto que “para pertenecer a un país en el que tenemos a grandes cocineros, la gastronomía no tiene esa presencia”. “Es cierto, hay muy poco”, contestó Hasier. “Hoy en día escribimos dos: Edorta Agirre y yo”, explicó. “Y parece que en las novelas nadie come, parece que sólo mis personajes. Atxaga, Saizarbitoria… No recuerdo que en sus libros nadie coma, ni siquiera un bocata de chorizo. Pero son maneras de escribir”.
“Y cuándo el médico te quita todo los placeres como la comida, ¿qué haces con tu vida?”, lanzó alguien más desde el público. “Te dedicas a la literatura”, soltó Andoni. Más carcajadas. “Yo estoy en un momento de esos”, explicó Hasier. “Eres consciente de lo que comes, pero sobre todo de lo que te privas”, siguió provocando todavía más risas. “Y estoy esperando a que mis constantes vitales vuelvan a su sitio para que Andoni me lleve a su casa a comer”.
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