Era una higuera enorme y frondosa que estaba en Otzazulueta mucho antes de que nosotros llegáramos aquí. Nos encantaba reunirnos bajo su sombra, en la terraza que está justo al lado de las escaleras que dan acceso a la oficina. Nos daba tanta tranquilidad que llamábamos a ese lugar el chill out.
Hace unos meses una tormenta partió varias de sus ramas y tuvimos que podarla. Durante unas semanas temimos haberla perdido para siempre, pero de repente, empezó a brotar. La savia salió por los lugares más insospechados y la higuera nos demostró que le quedan muchos años de vida. Y nosotros, felices.

















Seria una pena haberla perdido, me alegro que resurja, que vuelva a ser un lugar tan especial para igualar el sitio en el que se encuentra el Mugaritz.
esto es espestacular de bonito
un gran abrazo para la higuera!
¿ Y que esperabais?. ¿Vosotros que sois los alquimistas en transformar y trasponer el reino vegetal a la poesía, al encanto de dos mordiscos
de brotes y hojas insospechadas para tocar la gloria, de una humilde higuera? . Pues ni mas ni menos que esto… resistir aún que me “parta un rayo”.
Este año es posible que la “indignada” higuera, no pueda ser vuestro “chill out” perfecto, pero os garantizo que en breve os compensara.
No hace mucho, insisto… “no hace mucho”, a Mugaritz lo partió otro tipo de rayo, y renació como la higuera de sus propias heridas con mas fuerza que nunca. Ella, nuestra higuera, actuara de la misma manera.
Tenéis el roble como imagen de arraigo, de tierra, de lo que hemos sido y seguimos siendo, y a la higuera como icono de futuro.
Me identifico con el roble, pero me enamora la higuera. Cuidarla, se lo merece y vosotros también.
En pocos días nos encontraremos, y si no es mucho pedir me encantaría conocerla. Al fin y al cabo, que es la puñetera vida sin compartirla con los amigos.
Ikusi arte ¡, Muxu handi bat
Merçe & Jordi
tengo un hijo que trabaja en mugarit